Dicen que Colombia es uno de los países más felices del mundo, ¡y no me extraña! Estas semanas he tenido la oportunidad de volver a una tierra que siempre me trae bonitos recuerdos. Y es que, con tan solo bajarme del avión, siento que todo se alinea para que mi estancia allí se convierta en una experiencia inolvidable.

Siempre es un placer volver, reencontrarte con grandes amigos, moverte en nuevos círculos y empaparte del ritmo colombiano, un ritmo que se crea con cada sonrisa, con un clima exquisito, con su gastronomía, y por supuesto, con la bondad de sus gentes.

A pesar de la actividad frenética propia de este viaje, disfruto mucho cruzando horizontes con la marca Bodegas Emilio Moro. He tenido la oportunidad de formar parte de las capacitaciones a los equipos comerciales; he vivido experiencias gastronómicas inigualables de la mano de chefs de referencia, y siempre maridados con nuestros vinos; he descorchado botellas y botellas; y, sobre todo, no he dejado de compartir historias con periodistas, staff, meseros, y colegas.

Gabriel García Márquez decía lo siguiente: “es inevitable: en Colombia, toda reunión de más de seis, de cualquier clase y a cualquier hora, está condenada a convertirse en baile”. Un baile maravilloso de risas, de amabilidad y cercanía, acompañada de mi gran pasión, el vino.