Llega esta época y siempre hacemos balance del año, de los retos a los que nos hemos enfrentado, de los éxitos cosechados y del aprendizaje. Y entre otras muchas cosas, termino este 2019 orgulloso de nuestro trabajo en el Bierzo. Lo que comenzó como una aventura completamente desconocida para nosotros, llena de incertidumbre pero a la vez de muchísima ilusión, es ahora un proyecto que nos llena de alegría, porque cada vez es más grande.

Salir de la Ribera del Duero y adentrarnos en otra zona con otro clima, otro terroir y, lo más importante, otra variedad, era un increíble reto para nosotros, porque la tempranillo siempre ha sido un aliado, un fiel compañero de viaje que hemos mimado y cuidado, pero quisimos dar un paso más allá y adentrarnos en el mundo del vino blanco con una variedad que nos enamoró desde el primer momento, la godello.

Y ahora sabemos que no nos hemos equivocado, El Zarzal y La Revelía son un orgullo para nosotros. Llevan la esencia de nuestra casa, el alma de una viticultura de tradición, de un trabajo hecho con pasión y con el respeto que la naturaleza merece.

Ahora doy gracias a todo lo aprendido años atrás por conducirnos a explorar nuevas variedades y lanzarnos a un proyecto como el que estamos desarrollando en el Bierzo, porque no hay nada como no ponerse límites y soñar a lo grande, porque solo el esfuerzo y el duro trabajo hacen de los sueños una realidad.