Desde hace muchos años tengo la suerte de decir que, por trabajo, mi vida es un no parar; comidas emprendedoras, cenas de negocios, viajes programados por todo el mundo con la bandera de Emilio Moro en todo lo alto y citas en el calendario ineludibles. Lidiar con el estrés es mi día a día, y lo que normalmente es una vida de ensueño, puede llegar a convertirse en una pesadilla si no sabes medir los tiempos.

Un consejo que siempre doy cuando me preguntan cuál es la manera para que mi agenda no acabe conmigo, siempre hablando desde el cariño, es que hay que saber cuándo tomarte tu tiempo, recargar pilas y desconectar para volver con más fuerza. Encontrar la paz en un lugar y acudir allí cuando necesites recargar pilas.

Mi rincón es, desde hace muchos años, Luarca en la provincia de Asturias, un pequeño pueblo pesquero donde me reencuentro con viejos amigos a los que solamente puedo ver en videollamadas a lo largo del año y donde recordamos viejos tiempos alrededor de una botella de Malleolus.

Encontrarnos a nosotros mismos es el primer paso para disfrutar de la vida, y si es en tu lugar favorito, lo tienes más fácil.