Aún recuerdo como si fuera ayer la presentación de las primeras añadas de nuestros vinos godello, El Zarzal y La Revelía en el Castillo de Ponferrada junto a familiares y amigos. Fue un momento muy especial para mí, y hoy me encuentro en el Bierzo embotellando El Zarzal 2018, tercera añada ya, se dice bien y pronto.

Puedo decir con sinceridad que sigo enamorado de este proyecto tan ilusionante y de estos vinos, llenos de frescura y profundidad aromática con una complejidad y capacidad de envejecimiento comparable a los tintos.

Ahora es el momento de seguir trabajando, seguir aprendiendo de esta variedad tan interesante y a la vez tan desconocida para mí. Creo que todavía se puede aprender mucho de ella, y no tengo ninguna duda de que en el futuro seguirá regalándome grandes momentos de felicidad.

Así que, por el momento, solo puedo descorchar una nueva botella y brindar por otra añada tan buena como esta.