En la época de los 60 surgió un fenómeno nuevo, el movimiento cooperativo, que jugaría entonces –y sigue jugando en la actualidad– un papel muy importante en la producción de los vinos. La calidad de los vinos del Bierzo se vio plenamente reconocida en 1989, cuando el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación concedió la Denominación de Origen a los vinos del Bierzo. El clima del Bierzo es generalmente más suave que el clima mediterráneo continentalizado del resto de la provincia de León, por estar más expuesto a la influencia atlántica. Los suelos de la montaña están constituidos por una mezcla de elementos finos, cuarcitas y pizarras.

Hace tan solo cinco años yo no tomaba blancos; los tintos eran mi única pasión enológica y las pocas cosas que probaba de otras D.O. no me invitaban a seguir indagando. Aquello no me motivaba, y sin motivación no tiene sentido emprender nuevos proyectos con nuevos vinos. Cuando probé una variedad nueva para mí, empezó mi interés por los blancos: esa variedad era godello y aquellos vinos que me entusiasmaron eran unos vinos diferentes, llenos de frescura y profundidad aromática, con una complejidad y una capacidad de envejecimiento comparables a los tintos. Con el tiempo me fui enganchando cada vez más a esta variedad, hasta el punto de tomar siempre algún blanco al empezar las comidas. Esta motivación me llevo, al poco tiempo, al interés por crear un blanco para Bodegas Emilio Moro.

 

Lo primero que tuvimos claro fue la variedad, pilar fundamental del terroir. Ahora necesitábamos los otros factores fundamentales, el clima y el suelo, y adquirir los conocimientos necesarios para el buen manejo que armonizaría todo lo demás. La combinación de suelos, altitudes, exposiciones y labores culturales son nuestras herramientas fundamentales a la hora de perfilar cada uno de nuestros vinos y dotarlos de personalidad propia. Sin duda, esto es solo posible con una gran variedad como el tempranillo y en una gran zona como Ribera. Esa misma filosofía necesitábamos trasladarla ahora al godello.

 

PHOTOGENIC/PABLO REQUEJO.

 

Buscábamos un clima con una marcada continentalidad para obtener vinos intensos y llenos de energía, pero también buscábamos cierta influencia atlántica que nos diera esa finura y viveza en la nariz. Una vez tuvimos claro que el Bierzo era la zona, nos dimos cuenta de la variabilidad tan grande que había dentro de la comarca: Bierzo bajo, Bierzo alto y bierzo altimontano, todas ellas unidas por zonas de transición donde las posibilidades se multiplicaban y las expectativas aumentaban.

 

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Nuestros dos vino de variedad godello son El Zarzal y La Revelía. El Zarzal es el vino que abre la gama, con una vocación evidentemente varietal, respetando la identidad de la variedad sin renunciar a la frescura. Para su elaboración se han seleccionado los suelos francoarenosos que encontramos en los comienzos de las laderas, en ocasiones con exposiciones más umbrías donde la fruta se mantiene fresca y la delicada piel del godello mantiene su integridad durante todo el ciclo vegetativo.  El análisis de cata nos indica que se trata de un vino de color amarillo pálido, limpio y brillante con una nariz limpia y franca, donde destaca una base de frutas de hueso, sutiles aromas cítricos y flor blanca; los tostados casi imperceptibles maduran y aportan complejidad al conjunto aromático. En la boca es fresco y vivo, de buen volumen y matices pulidos.

 

 

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La Revelía es la máxima expresión de lo que la bodega entiende como el carácter varietal del godello: complejidad, intensidad y finura dentro de una personalidad única. Para encontrar el terroir ideal, se ha acudido a más de 600 m s.n.m., a escarpadas laderas donde la madurez se retrasa y donde las diferentes orientaciones aportan riqueza y personalidad. El análisis de cata nos indica que se trata de un vino de color amarillo pálido que presenta con un aroma intenso lleno de matices donde destacan en un primer momento los varietales más típicos del godello, frutas frescas de hueso, sutiles herbáceos y cítricos. Con el paso del tiempo vemos el gran potencial aromático que puede desarrollar en la copa, ganando complejidad el conjunto frutal con aromas de flores secas y ligerísimos tostados que se entremezclan en el conjunto. En la boca es voluminoso y amplio, de gran recorrido y equilibrada acidez.