Siempre es un orgullo llevar por bandera la historia de mi familia, de nuestra bodega, esa que con tanto cariño hemos construido y que ha sido la base para alcanzar el éxito. El pasado jueves pude llevarla hasta el Centro Botín en Santander de la mano del Club La Tenida, y fue un verdadero placer compartir nuestra forma de trabajar, de ponerle pasión a cada paso.

Y es que, como pude decir allí, para nosotros la clave siempre ha sido mantener la esencia. Venimos de una familia humilde, que labraba la tierra hace ya más de cien años, que comenzó desde cero y que, poco a poco, fruto de la sabiduría, la intuición y el buen hacer, hemos logrado hacer el vino que queríamos. Echo la vista atrás y sé que nuestra actitud durante todos estos años ha sido fundamental, porque las cosas positivas llegan cuando la actitud está a la altura.

También es cuestión de arriesgar, de ser valientes, de no quedarse atrás por miedo a equivocarse. Siempre hemos tenido claro que en la diferencia está la virtud, y que la innovación iba a ser un pilar para nuestro crecimiento. Y así ha sido. Ahora puedo decir que hemos tocado el cielo, pero no olvido todo lo que me ha llevado hasta allí, y no es más que toda esa preciosa herencia que viene de generaciones lo que ha hecho que volar alto sea cuestión de tener siempre los pies en el suelo.