Ahora que hemos escrito nuestra historia, a pesar de haberla vivido y sentido en mis propias carnes, admito que leerla me emociona y me pone la piel de gallina. Porque siempre decimos que nuestra base es la tradición, pero realmente si lees las páginas del libro te das cuenta de que esa palabra toma otra dimensión cuando hablamos de esta familia.

Cada vez que llego a Pesquera de Duero los recuerdos me inundan y me sacan una sonrisa. Quién le iba a decir a mi abuelo que los viñedos que plantó y cuidó hace cien años ahora integren la última tecnología; o que el vino que comenzó a elaborar de la forma más casera y rústica pasara a ser embotellado y etiquetado, y ahora se haya convertido en una referencia dentro y fuera de nuestras fronteras.

Y esto es fruto de una herencia que no se paga con dinero. Porque el esfuerzo en tiempos de pocos medios se valora aún más, y mis antepasados lo dieron todo por un sueño, no se rindieron y confiaron en la magia de Ribera del Duero, en la intuición y en las buenas prácticas. Surtió efecto, ¡y tanto! Ahora solo puedo estar inmensamente agradecido por todo lo que me han enseñado, tanto a nivel profesional como a nivel personal. Porque este sueño hecho realidad no se basa únicamente en profesionalidad y buen trabajo, tiene mucho que ver con la pasión puesta en cada paso.

De todo esto y de mucho más hablo en el libro «Si lo sabes escuchar, el vino te habla», un título que no puede tener más sentido, porque los años de experiencia nos han ayudado a hablar el mismo idioma que el vino y hacer que se convierta en el perfecto compañero de viaje.