Llevo vendimiando desde que era pequeño y puedo decir que nunca he encontrado dos vendimias iguales, todas son diferentes, todas están llenas de matices que las hacen especiales.

Justo antes de comenzar la de este año tuvimos unos días de lluvias que generaron mucha incertidumbre porque veníamos de un año muy seco. Sin embargo, esas lluvias favorecieron la hidratación de la viña y remataron muy bien la maduración de la uva. Durante la vendimia, el calor hizo que muchas uvas se pasificaran y convirtieran sus aromas afrutados en aromas de crianza y maduración. Hemos visto entrar en bodega partidas con un peso muy importante de la fruta típica de la mora y la zarzamora, y también partidas con una crianza y una madurez que ayudarán a aportar una seriedad impresionante a los vinos.

Se trata de una vendimia de la que hemos obtenido menor cantidad de uva pero en contraprestación, la uva ha venido realmente concentrada y con unos parámetros de calidad altísimos, ideal para vinos muy potentes, para vinos de guarda con mucho potencial de envejecimiento, mucho color, tanino y estructura.

Aunque el nerviosismo siempre se queda con nosotros hasta que descargamos la última partida de uva, ahora puedo decir que estoy realmente contento con la vendimia de este año, porque veo características organolépticas muy definidas.

Ahora toca trabajar en bodega para convertir en grandes vinos la que posiblemente haya sido una de las mejores cosechas de los últimos diez años.