Experiencias de mis viajes, no todo es lo que parece.

Perdonad por la tardanza queridos amigos, pero mis obligaciones de “public-relations” requieren mucho de mi persona en esta divina profesión de bodeguero. Me comentaba Leticia (Community Manager de la Bodega), que debería escribir ya en mi blog, porque hacía tiempo que no lo hacía y claramente le dije que sí, que tenía razón, pero para justificar mi tardanza le dije jocosamente “cuando quieras te cambio de vida”, es decir, intercambiamos papeles. A lo cual me respondió: ¡cuando quieras! Yo me sonreí y dije para mis adentros, “si supieras lo duro que es, lo mismo ni lo aguantabas”. Es curioso que la gente en general asocie, cuando visitas muchos lugares, que estás de ocio. “Que afortunado” piensan, hoy en Miami, mañana en New York, pasado a Hong Kong. Pero realmente, el hacer marca internacional vs marca España es muy duro.   Reconozco que no cambiaría mi ritmo de vida por nada del mundo, y que este ritmo solo es posible aguantarlo gracias a  la pasión que renace en mí cada vez que huelo un Emilio Moro, un Malleolus, un Cepa 21… Toda esta pasión es capaz de transformar tus sentimientos, tus emociones y tu estado físico.

Por lo general, un día normal de trabajo con distribuidores, comerciales… suele rondar entre 12 y 14 horas, cuando no es más… Empiezas a primera hora las visitas en las wine-shops o vinotecas, parando al mediodía para poder realizar un almuerzo de trabajo con periodistas, sumilleres, jefes de compras… y todo esto sin tiempo para poder tomarte un café reposado junto a un buen Partagas D-4, que en esos momentos es lo que más me gustaría. Por la tarde continuamos las visitas, hay ocasiones que realizamos hasta 8 visitas, explicas tu filosofía, tu historia, tus vinos, por qué tu bodega es diferente a las otras, que tiene de diferenciador… y todo ello explicado con la pasión que me produce este maravilloso elixir que es el vino. Pero no os creáis que el día acaba ahí, luego continuamos con una wine-dinner junto a consumidores finales, con los cuales hay que afinar más en el sentimentalismo, simpatía y espontaneidad. Una vez más todo sale adelante gracias a ese compromiso que tienes con lo que más quieres en el mundo (siempre hablando de algo material, está claro que mi familia es lo que más quiero).

Casi siempre todo sale muy bien, y conseguimos calar en lo más profundo de nuestros consumidores, transmitiéndoles realmente lo que queremos de nuestros vinos, lo que hace que por la noche consiga dormir “Feliz”, no sin antes mirar la agenda y ver que a las 5 de la mañana tienes que volver a estar arriba para coger otro avión, o lo que en ese momento toque, para cambiar de ciudad, estado o nación y volver a transmitir a nuevos consumidores, que estén dispuestos a escucharme, la pasión con la que realizamos nuestros vinos. Aun así, queridos amigos, “MARAVILLOSA Y BENDITA DUREZA LA DE MI TRABAJO”.