Hace unos días volé por trabajo a México, y ¡bendito trabajo! Reencontrarte con amigos, clientes y -por supuesto- con tus vinos. Realmente uno siente placer al comprobar que la gente trata lo que más quieres con mucho cariño. Al otro lado, en Emilio Moro se está viviendo un proceso crucial para que nuestros vinos sean de una calidad exquisita: el envero. Y ahí con mi gente sé que la uva está en las mejores manos.

Para los que no lo sepáis, el envero corresponde a una de las fases del ciclo de maduración de la uva, siendo el momento en el que las variedades de tinto cambian de color. Es en definitiva la transición entre el crecimiento y la maduración, preparándose la uva para su fase final antes de la vendimia.

Es en estos momentos cuando te quedas mirando con orgullo como se colorean esos racimos y empiezas a pensar en las podas en seco, el lagrimeo de la vid, las podas en verde o el desniete.

 

Nos pasamos todo el año trabajando para sacar lo mejor de nuestra tierra y ofrecérselo a nuestros clientes. Trabajamos paso a paso, tocando las teclas adecuadas para crear la melodía perfecta. Y es ahí, en ese preciso instante, cuando sonríes porque sabes que todo el esfuerzo ha merecido la pena.