‘Si te gusta el vino ya entiendes de vinos’.

Así es como me gusta arrancar mis speech cuando viajo a cualquier parte del mundo para introducir los vinos de Emilio Moro y Cepa 21 en nuevos mercados.

Está claro que cuando dirigimos una cata siempre usamos términos más técnicos y solemos animar a los asistentes a que encuentren esos aromas y sabores en el vino, pero desde luego que no es necesario descubrir la zarzamora ni el chocolate para entender de vinos, si tomarlo te produce bienestar, te une a otras personas, favorece tus relaciones profesionales… Entonces ya estás tomando el mejor vino del mundo.

Desde que tengo uso de razón he pensado que el vino es un catalizador de las relaciones humanas, lo pienso porque lo he comprobado. Todo en torno a un vino se ve de una manera más positiva; relaja a las personas en los momentos más tensos, ayuda a relacionarnos, une sin hablar.

Uno de los mayores ejemplos de esto es la creciente demanda de Enoturismo, un tipo de turismo en torno al vino que gusta porque invita a las relaciones interpersonales, es una de las modalidades de turismo donde las personas más se animan a viajar para disfrutar de actividades de ocio en grupo, porque los vinos favorecen esos momentos de unión y de conversación entre amigos y familia.

Por esta razón me gusta apoyar iniciativas culturales y sociales a través de las Bodegas, porque es en esos eventos donde se refleja el poder del vino, capaz de reforzar valores humanos tan importantes como la amistad o el compañerismo.