El vino sabe igual en todas partes.

Sí amigos, si se mantienen las mejores condiciones de conservación, el vino sabe igual en todas partes. Hace unos días, hablaba con un buen amigo a través de Twitter sobre un comentario de un conocido que afirmaba que “los vinos españoles no saben igual en “América“.

En mis viajes coincido con mucha gente que tiene esa creencia. Es más, desde pequeño siempre escuché en casa a mi padre, a mis abuelos, decir que “el vino de Ribera del Duero se estropea una vez ha traspasado “Despeñaperros“. Es decir, que el vino cambia de sabor cuando se cruza de la zona norte a la zona sur de España. Pero esa expresión no es del todo correcta. El vino, que se elabora cada añada con la misma materia prima, y que está embotellado en vidrio, ¿debe tener el mismo sabor en cualquier territorio?, ¿ya sea Pesquera del Duero, Nueva York o Shanghái? De hecho, si antes del embotellado se han cuidado los parámetros clave como son la microbiología y los factores de estabilidad y una vez el vino ha sido embotellado se han tenido los cuidados oportunos en lo referente a no exponer el vino a excesiva luz y conservarlo a una temperatura ideal (de entre 14º a 18º) durante su vida, aseguramos su calidad y su sabor.

El problema viene a la hora de mantener de forma correcta toda la cadena de conservación del vino, desde la bodega hasta la mesa. Desde que se recoge la primera uva en la vendimia hasta que las botellas llegan al distribuidor, desde Bodegas Emilio Moro realizamos un gran esfuerzo para que esos parámetros de conservación sean los adecuados y el vino sepa igual en todas partes. No obstante, no hay que olvidar que las cuestiones emocionales, medioambientales, culturales, etc, pueden influir en la percepción que cada persona tenga del vino. A todos los que disfrutáis de nuestros vinos tanto fuera como dentro de la Ribera del Duero, os invito a que compartáis con nosotros vuestra opinión.