El mundo del vino me ha regalado muchas cosas buenas, y entre ellas está mi gran amigo Juan Muga. Ayer realizamos una cata privada representando cada uno a nuestras bodegas: Bodegas Muga y Bodegas Emilio Moro. Durante un buen rato, con nuestras copas de vino a un lado, estuvimos charlando de todo un poco: desde las características de ambas referencias, pasando por la tierra que nos acoge a cada uno, hasta llegar a aquellos pequeños momentos juntos.

Ambas bodegas, aunque de diferentes regiones, comparten muchas características en común: la tradición, la pasión y la innovación. Aunque estemos lejos, caminamos en paralelo compartiendo cada éxito juntos y ayudándonos en cada desafío que nos surge en nuestro día a día.

Juan y yo nos conocemos desde hace 20 años y, gracias a Dislicores, hemos recorrido juntos cada rincón de Estados Unidos. Cada viaje nos ha generado una nueva anécdota y ayer, mientras hablábamos y recordábamos algunas de ellas, me entró la nostalgia.

No pude no acordarme de la última vez que estuvimos juntos, en nuestra ya famosa comida de navidad junto con la familia Eguren, riendo y brindando por las cosas buenas de la vida. Han pasado muchas cosas desde ese momento, y la situación se ha vuelto muy difícil para todos, tanto a nivel profesional como a nivel personal.

El blog de hoy se lo quiero dedicar a él, quien me ha regalado mucho a lo largo de todos estos años y con quien me encanta seguir compartiendo momentos, aunque sea a través de una pantalla.

Por muchos años más de amistad. Muy pronto volveremos a brindar juntos.