Hoy me he parado un momento a reflexionar sobre los viñedos que me rodean, sobre las satisfacciones, recuerdos, sensaciones… que han producido en mi vida. Y me quedo sentado, pensando en el “Majuelo” de Valderramiro” entre otras cosas porque durante este año cumple 90 años.

El viñedo “Valderramiro” tuvo identidad propia cuando se elaboró como una “single viña” en el año 2000, hasta ese momento tuve la oportunidad de vivir muchos y bonitos recuerdos. Mi padre nos llevaba a mis hermanos y a mí de pequeños, y recuerdo que allí descubrí la sensación del trabajo duro, cuando agarras una morisca para arrancar las malas hierbas, esas madrugadas en las que tenías que ir a sulfatar la viña para protegerla de posibles enfermedades.

Pero, por otro lado, también descubrí la sensación de alegría, cuando veía producirse el envero de los racimos con esa morfología diferente a todos los demás. El momento más emocionante se producía justo antes de la vendimia, cuando catábamos las uvas para comprobar su estado de madurez, esa sensación compleja y elegante de puro de néctar que dejaba la uva en la boca, hacía que a todos se nos escapara una sonrisa.

90 años de historia de los cuales he compartido 50 de mi vida, desde que era un niño y jugaba con mis hermanos entre las cepas, hasta tener la responsabilidad de elaborar el mejor “Malleolus de Valderramiro”, año tras año.

90 años desde que estas raíces fueron plantadas en este suelo arcilloso, y que hoy en día, siguen dándonos toda su riqueza mineral y que son el alma de este maravilloso vino.

90 años de complejidad, elegancia y respeto al buen hacer, que han conseguido hacer que su vino, “Malleolus de Valderramiro”, presuma de haber recibido prestigiosas puntuaciones y valoraciones. Además de hacerme aflorar todo lo mejor de mi pasión cada vez que lo siento en mi paladar.